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La historia de Petín

La historia conocida de Petín se remonta a los Cigurris o Gigurris, pueblo castreño que se vio dominado por los romanos que acudieron al reclamo del oro que atesoraba esta tierra y cuyas pepitas arrastraba el río Sil. Sobre el origen de este topónimo no se llegó a un acuerdo, unos defienden su origen en el étimo “Petinius”, posible jerarca romano.

Otros defienden la teoría de que está relacionado con “Pilon” o “piedra clavada”, debido a los miliarios de la Vía Nova. Esto nos demuestra que hubo presencia romana en estas tierras, siendo el pueblo “ Guigurri” uno de los más antiguos vestigios. De ellos, nos quedaron los castros que fueron romanizados a partir del siglo I a.c, y la red viaria romana, articulada entorno a la Vía Nova de Braga a Astorga, mandada construir por Vespasiano entre los años 57 y 77 d.c, y que fue medio esencial de penetración militar,  comercial y cultural. Con la llegada de los Suevos a Galicia a principios del siglo V, comienza una época muy distinta a la anterior.

 

El Imperio Romano desaparece de estas tierras y el pueblo Suevo se hace dueño de la situación, creando un reino germánico. Este reino suevo pervive hasta finales del siglo VI cuando es conquistado por los visigodos. De la época de los reinos germánicos en nuestro entorno quedan escasos restos materiales, y los que quedan son toscos y evidencian la perdida de los conocimientos y tecnología que existían en la época romana. Posiblemente fuese entonces cuando realmente se cristianizaron estas tierras, presumiblemente primero de la mano del  priscilianismo y  posteriormente del catolicismo.

Durante las monarquías sueva y visigoda estos territorios formaban parte del Obispado de Ourense, y no de Astorga, al que volverían tras la breve ocupación islámica. En estos años comienza a aparecer el sistema feudal, que en algunos de sus aspectos, como la propiedad señorial de la tierra, durará hasta bien entrado el siglo XIX. En un principio el monarca encomendaba la administración de un territorio a un hombre de confianza (el teniente), que no tenía por que ser el dueño de tales tierras; tampoco podía transmitir su dominio a  sus herederos, sino que el rey tenia la posibilidad de nombrar a quien deseara para ese cometido. Pero con el tiempo, eses cargos de tenientes fueron recayendo en la misma familia hasta hacerse vitalicios y hereditarios. En Valdeorras fue la familia Froilaz, posteriormente los Castro, condes de Lemos.

Tras la guerra civil entre Pedro I y su medio hermano Enrique, ganada por este último, Valdeorras pasa, durante unos pocos años, a manos de un noble que vendería esta  jurisdicción a los Sarmiento, condes de Ribadavia (ya en el siglo XIV). Desde la Edad  Media hasta el siglo XIX sobrevivió en una zona el régimen señorial. En Galicia, este modelo se asocia con un sistema foral de posesión de la tierra, por lo que esta se dividía en dos dominios. Así los agricultores que trabajaban la tierra raramente eran propietarios de ella, y pagaban al señor un tipo de arrendamiento normalmente en especie y a veces también en dinero. El pago se hacía en una fecha concreta y de un valor determinado que no cambiaba mientras durase el contrato foral. En la Edad Media además del pago, se exigía una serie de servidumbres para con el señor, pero con el tiempo la relación acabó por ser exclusivamente económica.

A partir del siglo XVIII se multiplican las fuentes documentales. Aparecen artículos para publicaciones ilustradas, libros parroquiales, escrituras públicas. Los caminos reales comunicaban la comarca con el resto de España. Su calidad era bastante deficiente, pero eran las únicas vías que permitían el tráfico de personas y mercancías por estas tierras.  Todo este mundo entrará en crisis con la invasión  francesa en 1809.

La Guerra de la Independencia tuvo cierta relevancia en Valdeorras, haremos un breve resumen de los acontecimientos del pueblo de Petín y su entorno, que tuvieron alguna implicación directa o indirectamente. Del  uno al catorce de Enero de 1809 huyendo de la persecución de las tropas francesas, pasaron por Valdeorras hacia el interior de Galicia las tropas inglesas mandadas por Crawford y Von Alten, seguidas por las españolas aliadas de las inglesas mandadas por el Marqués de la Romana. Del  quince de Enero al 1 de Febrero, algunas tropas francesas mandadas por el General Marchand en persecución de las del Marqués de la Romana, atravesaron fugazmente Valdeorras. El grueso del ejercito francés que invadió Galicia siguió el camino francés que hacían los peregrinos para llegar a  Santiago de Compostela. Los  valdeorreses se alzaron contra los franceses, y se produjeron las primeras acciones guerrilleras sobre convoyes y escuadrones franceses.

En el puente de Petín tuvieron cierta relevancia las chicas, que protagonizaron una valerosa acción, ya que fueron ellas, las que acuchillaron a los soldados franceses con mayor bravura, durante todo un día desde las nueve de la mañana hasta oscurecer, causándoles muchas pérdidas.

En el mes de Junio del mismo año (1809), se produjo la huida y retirada de las tropas francesas mandadas por el General Soult, no sin antes causar saqueos e incendios reiterados, aún así, tuvo lugar la retirada, y de ahí el dicho popular “Petín pitou porque non pasou”. Las tropas francesas son acosadas por los paisanos en los recodos y revueltas del río Bibei, Larouco, Petín, A Rúa, Barco y A Veiga, donde muchos franceses quedaron muertos, ahogados o prisioneros, sin que los paisanos sufrieran pérdidas. El botín obtenido fueron armas, caballos y maletas.Los franceses no se establecieron de forma  permanente en Valdeorras.

Solo pasaron por aquí para adentrarse o salir de Galicia. El General Soult ordenó una durísima represalia de manera que ejecutaron a Loisson y Delaborde. En la Rúa acamparon junto a la ermita de San Roque durante ocho días, y desde aquí organizaron correrías de castigo y el saqueo de los pueblos de San Miguel de Mones, Santa María de Mones, San Paio y la casa del Mancebo de Outeiro, donde un criado aparentando ser loco, emborrachó a los soldados franceses y se apoderó de sus  documentos.

Los paisanos que permanecían al acecho cayeron inesperadamente sobre ellos causando una gran carnicería. Los franceses acabaron quemando 43 casas en Petín. Las represalias se saldaron con la muerte de muchos valdeorreses, pero no fue indiscriminada ya que entre los muertos no figuraban niños.

Las acciones de guerra en Valdeorras no fueron protagonizadas por un ejército regular español, sino por los paisanos impulsados por los miembros del bajo clero secular  valdeorrés, destacando D. Xosé Ramón Quiroga y Uria, Ábade de Casoyo que se convertiría en el comandante de los paisanos de Valdeorras. Las deficientes condiciones de vida en general agravadas por las tropas francesas pudo ser la causa de tan alta mortalidad, pues una de las consecuencias de la guerra, fue el aumento de la pobreza durante bastantes años. Así el 16 de Octubro de 1818, 90 comisionados de los pueblos de jurisdicción de Valdeorras, entre los que se encuentran, San Miguel de Mones, Santiago de Petín, Santa María de Mones e Santa Eulalia do Monte, reunidos en Vilamartín protestan ante el escribano D. Manuel de Flom y dicen: “Que esta repetida jurisdicción está muy pobre con motivo de los daños de la última guerra con Francia, y estarle debiendo por la Real Hacienda más de un millón de reales suministros a las tropas. Piden que les exoneren del pago del sueldo al Alcalde Maior (quinientos ducados anuales), que no pueden pagar sin mucho detrimento de sus cortas facultades”.

Tras la expulsión de los franceses del reino nada quedó que estaba antes, el sistema social que sustentaba el  Antiguo Régimen era anacrónico, y cada vez eran más las voces que denunciaban la situación. Son los años de las Cortes de Cádiz, de la vuelta de Fernando VII, del pronunciamento liberal de Riego en 1820. El liberalismo moderado que llega al poder tras la muerte de Fernando VII fue desmontando paso a paso todo el edificio del Antiguo Régimen: desaparición de los mogardos, de los señoríos jurisdicionales, desamortización de los bienes eclesiásticos. Todos esos acontecimientos se dejaron sentir en Petín y en toda Valdeorras.

Con el siglo XIX, se configuran los actuales municipios y desaparece la jurisdicción señorial de los Condes de Ribadavia. La existencia del ayuntamiento se documenta por primera vez por escrito en el año 1090 en la caída del Monasterio de San Pedro de Montes. – Conclusiones sobre la población en el municipio de Petín desde 1752 a 1996. Hasta el año 1940 los censos hay que considerarlos con mucha  precaución, pues son vagos e imprecisos. – Los censos de los siglos XVIII y XIX, hay mas hombres que mujeres. La población es mayoritariamente joven, vive generalmente de la agricultura y  habita preferentemente en los lugares o aldeas situadas en las medianías (entre valle y  montaña).

– En el período 1800-1825, la mortalidad infantil es muy elevada, el 48,37% de la población difunta tiene menos de 7 años.

– En la primera mitad del siglo XX la población emigra mayoritariamente a los países americanos, especialmente Cuba y Buenos Aires, y dentro de la península a Barcelona. En el año 1924, los ausentes representan el 45,67% de la población.

– Según los censos, a partir de 1940, hay más mujeres que hombres, el porcentaje de jóvenes es bajo y de mayores alto.

Viven generalmente de la agricultura y de las pensiones,  habitan preferentemente en el valle. La mayoría de la población se casa pero después de los 34 años. Todos los pueblos de Petín pierden población desde el año 1940 hasta ahora. La emigración dejó en esta villa unos  1000 habitantes. En Petín, también podemos pasear por sus calles y contemplar sus casas (unas antiguas, otras más modernas), sus espaciosos chalets y sus bodegas. La plaza mayor, donde se celebran las fiestas de su patrón  Santiago Apóstol el día  25 de Julio, está rodeada de bellos edificios de los cuales destaca la casa solariega de la familia Quiroga. En ella vivió y pasó consulta el médico D. Xose Quiroga, que alcanzó en aquella época merecido prestigio y fama entre los vecinos del municipio, no solo por sus conocimientos técnicos, si no también por el trato humano a los pacientes.  Su hijo D. Xose Quiroga Suárez, nacido en Petín en el año 1920, también médico, fué el primer presidente de la Preautonomía Gallega, e hijo predilecto de Petín.